“Este es el Diccionario de la RAE que intentó ser más polifónico”

Entrevista a José María Blecua.El director de la Real Academia Española está preocupado por el ahogo financiero.

El mayor aporte de las cifras es proporcional al objeto o hecho que describen. Por eso los números que acompañan a la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), un trabajo consensuado con 21 academias de América latina y la de Filipinas, son significativos a la luz de un trabajo de 13 años. Los 500 millones de hispanohablantes tenemos ya a disposición 93.111 palabras o artículos. Se sumaron 5.000 nuevas, se despidió a casi 1.400 en desuso. Los americanismos incorporados son 19.000 y se enmendaron 140.000. La Real Academia Española (RAE) tiene un promedio de ocho millones de usuarios diarios en su sitio web. Para una sociedad mundial que escribe con abreviaturas en los dispositivos electrónicos y sostiene charlas telefónicas de uno o dos minutos, es un desafío aprovechar este corpus que, aun cuando podamos vivir sin consultarlo, agrega mucho a nuestra vida cuando navegamos por las palabras.

El director de la RAE, el filólogo español José María Blecua, defiende esta edición, presentada por una institución que cumple 300 años de existencia, y afirma que podemos vivir sin diccionario pues “los únicos dueños de la lengua son los hablantes”. Sin embargo, agrega, es necesario contar con un registro de las palabras y acepciones que usamos, pues el diccionario es un “producto histórico”.

En diálogo con Clarín, Blecua dice que su palabra favorita es “libertad”, aunque “los profesores no debemos tener palabras predilectas”. ¿Por qué? “Es muy hermosa: supone la existencia de la ley que limita la libertad, y la ley se hace por consenso. De modo que la libertad representa, de alguna forma, lo que es la voluntad de una sociedad”. Consultado sobre las palabras que lo hacen reír, Blecua elige el chilenismo “cebollento” (que mueve al llanto), de reciente incorporación al DRAE, surgido del uso televisivo. De los argentinismos le gustan “las palabras del lenguaje infantil porque son muy divertidas”. Y elige “escolar” y “machete” que en España se conoce como “chuleta”, que en la Argentina se come.

-¿Cuándo una palabra califica para entrar en el DRAE?

-Cuando reúne unas condiciones fáciles de entender. Primero alguien solicita su inclusión. Puede ser desde un departamento universitario hasta una compañía de seguros, es muy variado el comienzo. Se comprueba su vigencia, cuándo empezó a utilizarse y en qué forma se emplea, en qué género literario o cuál es su procedencia, si viene del deporte, etc. Pasa a las academias que hacen un informe y de allí al Departamento de Lexicografía. Una vez concluido el proceso, se incluye. Hay palabras que se quedan a punto de entrar. Sobre todo las de la técnica, porque son muy efímeras.

-¿El proceso es igual para las que salen del DRAE?

-Sí, es casi el mismo. Para salir del diccionario se investiga cuánto tiempo hace que no aparece en el uso. Hay palabras del siglo XIX que han dejado de aplicarse. Pero no desaparecen sino que pasan al Diccionario Histórico. En esta edición se quitaron casi 1.400.

-¿Y cómo se dirime si un vocablo es de uso pasajero o llegó para quedarse?

-Se consultan las bases de datos. Allí es donde se refleja la vigencia de las palabras. A veces es difícil porque hay muchas zonas donde no hay bases de datos.

-¿Por qué en esta edición entró “Twitter” pero no “Facebook” ni “Google”?

-Porque las palabras no pertenecen sólo al mundo técnico. Tienen una estructura fonológica y “Twitter” se adapta a la estructura fonética del español, lo que no ocurre con las otras dos. Por eso es muy difícil adaptar los extranjerismos.

-En esta edición hubo algunas quejas de las academias latinoamericanas por la escasa presencia de americanismos. 

-No, no hubo. Todo se acordó en la Reunión de Guatemala. Sí se discutió con qué extensión debían entrar esos términos al diccionario. Lo que se busca es que no tengan un uso exclusivamente local. Se debatieron los localismos que sólo se hablan en determinados lugares. Los americanismos de esta edición son 19.000. Y en total ya llegan a 73.000. Esta es la edición que ha intentado ser más polifónica, no digo que lo haya conseguido.

-Es preocupante que la RAE tenga problemas de financiamiento.

-Esto no alcanza a la Asociación de Academias latinoamericanas. Pero la RAE es como una pequeña empresa, tiene dos edificios, nóminas elevadas, no vendemos ni un diccionario, las ventas han decaído terriblemente y tenemos un centenar de empleados. En el fondo, la gente no compra porque consulta por Internet. La semana pasada tuvimos 46 millones de consultas. Hay 8 millones de usuarios promedio para el diccionario digital. Nos cuesta mucho dinero. Habrá que encontrar una solución.