Redes sociales, allí donde se citan los cuerpos

Las redes dieron lugar a una nueva forma de encuentro entre los cuerpos. Incluso a un cambio en la lógica de la vida amorosa. Ya sea como lugar de primer contacto, ya sea luego de algún encuentro ocasional, la historia del encuentro se escribe en los chats y en los muros de Facebook. En esta lógica, el cuerpo en cuanto sustancia gozante permanece en las sombras… para alivio de los partenaires . No habría que ubicar lo que del cuerpo queda allí en suspenso como un déficit de las redes. Por el contrario, es una característica que abre a otro tipo de mediación entre los seres hablantes. Literalmente, un nuevo discurso-pantalla, una forma de hacer lazo que permite construir las coordenadas del encuentro de los cuerpos, en el marco de un particular ordenamiento subjetivo. Por otra parte, la dimensión imaginaria del cuerpo está siempre presente. Lo que Lacan ubicó como la dimensión del semblante: el cuerpo como representación, lo que se da a ver y hace de soporte a un discurso, se despliega mediante los recursos que ofrecen las redes.

Desde su nombre, Facebook es una galería de semblantes. La imagen cuerpo digitalizado, la voz, la palabra escrita, funcionan como el anzuelo para atrapar el deseo del otro. Los intercambios virtuales crean las condiciones para el encuentro (o bien precipitan la caída de la escena: una frase desafortunada puede ser letal). El supuesto exhibicionismo del mundo virtual es más bien una construcción donde cada ser hablante da forma a un relato sobre la propia persona. Tal construcción encuentra en las nuevas tecnologías un escenario. Hoy, tanto en el campo amoroso como en el laboral e incluso en la política, las redes son una forma de construir un semblante y, desde allí, propiciar el lazo. Los semblantes construidos en las redes buscan en ocasiones consistencia a la posición sexuada de los partenaires : las cincuenta y cuatro opciones que ofrece Facebook a la hora de definir el género del usuario hablan por sí solas. El carácter de anzuelo respecto del deseo del partenaire que adquiere el semblante es central en los sitios de citas (Tinder, Happn, Badoo): fotos, edad y algunas líneas abren o cierran la interacción con la persona elegida.

El aspecto eminentemente mostrativo de las redes las emparenta con el acting out . El acting out –afirma Lacan en su seminario 18– consiste en hacer pasar el semblante a la escena, montarlo a la escena, hacer de él ejemplo. Si el acting es una mostración inmotivada, que procura hacerse un lugar en el deseo del Otro, en la que lo que se muestra, se muestra como distinto de lo que es, Facebook emerge como el escenario privilegiado para que el cuerpo devenga ese objeto que se aísla en la escena en la que se monta el acting out . Las fotos que remiten a logros en busca de la admiración (o bien celos y envidia), la mostración de la nueva conquista amorosa, procuran elípticamente hacerse un lugar en el deseo del Otro. Ni exhibido indiscriminadamente ni excluido del juego, el cuerpo en su dimensión de semblante juega la partida en el campo del deseo, dando lugar al montaje de una ficción ofrecida al deseo de la comunidad virtual que se despliega en las redes. Tal carácter ficcional, hay que subrayarlo, no es propio de las redes: es propio del deseo humano. Si bien es evidente que la huelga de cuerpo de la histeria, la puesta a distancia de la fobia y el solipsismo obsesivo encuentran su punto de enganche en las redes, no constituyen a mi entender el signo de los tiempos sino meramente un vino añejo servido en copa nueva. Me parece más interesante como orientación clínica indagar los ordenamientos subjetivos y las formas de lazo inéditas que generan las nuevas tecnologías.

Santiago Thompson

Revista Ñ /Clarin

9 de Junio 2016